Eufemismos (2)

 In Lengua, Literaria, Traducción, Universidad

La mayoría hablamos sin pensar las cosas dos veces. Tenemos la estructura del lenguaje fijada en el cerebro y de nuestro hemisferio izquierdo salen las palabras que queremos decir de manera fluida.

Sin embargo, hay palabras que han quedado parametrizadas en el registro coloquial de la lengua por su condición hiriente. A nivel social, no son aceptadas y no deben decirse a menos que quieras faltar al respeto. El común de la sociedad sabe reconocerlas, todos intentamos manejarlas con tacto, sobre todo si las utilizamos para referimos a personas o a grupos de gente a quienes afecta especialmente. Muchas expresiones tienen una carga connotativa que levanta ampollas, y su significado no deja lugar a dudas a lo que en realidad queremos expresar.

En este grupo entra el vocabulario soez y peyorativo. El vocabulario soez ofende los oídos de la mayoría, y el peyorativo, además de herir los sentimientos, manifiesta una tendencia a menospreciar las condiciones de inferioridad en que se encuentran muchas personas. Indistintamente a que estas condiciones existan o no, el tipo de vocabulario adquiere la categoría de insulto. A raíz de ello, nace una nueva forma de expresar los hechos desagradables de este mundo. Puesto que podrían sonar intimidatorios y ofensivos para la gente directamente afectada, los suavizamos para respetar a los demás. Inventamos así una manera de hablar con términos delicados y, además, con un toque de humor para limar asperezas y parecer educados. Los llamamos eufemismos.

El eufemismo es una expresión que suaviza una verdad desagradable y nosotros la decimos de un modo que suena delicado, hasta ingenioso o divertido, según los casos. Son formas inocuas o embellecidas, como describe Alberto Bustos en su blog. Su etimología viene del griego eu (bueno, agradable) y pheme (habla). De hecho, cuando hablamos con eufemismos encubrimos la realidad de lo que decimos con matices. El monologuista George Carlin dice, precisamente, que los eufemismos colorean la verdad. Todo ello ha dado lugar a una larga lista de expresiones sombreadas que expresan realidades tanto desagradables como prohibidas por la corrección política.

Euphemistically speaking

Como ahora mismo estoy más familiarizado con los eufemismos ingleses, paso a dar una lista traducida de algunos conocidos en el mundo anglosajón:

  • Six feet under

Literalmente, cuando estás varios metros bajo tierra. Estar muerto y enterrado.

  • Put an end to its suffering

Se utiliza para expresar el alivio del dolor mediante una acción inducida. Aquí también sabemos poner fin al sufrimiento de alguien.

  • Ladies/Gents

Los carteles en las puertas de los lavabos que designan a ambos sexos (Ladies/Gentlemen).

  • Between Jobs

Se refiere a cuando estás parado, sin actividad laboral, y que estás echando currículos para encontrar trabajo.

  • Economical with the truth

Alguien no cuenta toda la verdad acerca de algo cuando se espera que lo haga. Creo que una traducción fiel sería «deshonesto», «mentiroso». Nuestro eufemismo podría ser «escatimar la verdad». Otro igual en inglés: to engage in disinformation.

  • Pushing up daisies

Se refiere a cuando alguien lleva tiempo muerto. Aquí decimos «criar malvas».

  • Financially embarrassed

Eufemismo de estar sin blanca, sin dinero.

  • Snuff it

Otro eufemismo de morir.

A continuación, algunos eufemismos que ocultan otras realidades desagradables y que hacen referencia a rasgos alterados de la personalidad o de la persona, a defectos psicosomáticos y a cuestiones simplemente estéticas que no resulta correcto ni discreto mencionar de forma directa:

  • Tired and emotional

Dice que alguien está ebrio o ha agarrado una turca. Hace referencia a la embriaguez.

  • The economically disadvantaged

Sin dinero y empleo.

  • Physically challenged

Lisiado/a.

  • Domestic violence

Golpes a la pareja.

  • Substance abuse

Drogadicción.

  • Civil disorder

Revueltas, disturbios.

  • Welness center

Hospital.

  • Hearing impaired

Los sordos.

  • Landfill

Vertedero. Se dice en inglés para sustituir a dump, que significa basurero.

  • Prescription eyewear

Tener que llevar gafas.

  • Substandard housing in the inner cities.

Casas situadas en los suburbios.

little red riding hood

Como conclusión a todo lo visto hasta ahora, hay que elegir bien el momento de expresar los eufemismos. Coincido con Carlin en que hay que saber controlarlos, especialmente si hablamos con personas que solo manejan un idioma y estamos tratando de hacerles entender su significado en otra lengua.

Pero, por otro lado, también tenemos la versión cómica de toda esta lista. Resulta pesado tener que ocultar la verdad de los hechos mediante eufemismos y, sabiendo que hay muchísima gente que podría sentirse ofendida, la lengua ha ido limando las rugosidades para dulcificar las palabras.

Sirva como ejemplo la traducción que hice de una versión moderna de Caperucita Roja contada con mucho humor. Se emplean eufemismos, pero sin llegar a la corrección política. Ya puestos, puede que valga también para alejarse de los supuestos metalingüísticos y no caer en la trampa de lo censurable por capricho.

 

CAPERUCITA ROJA

(fragmento de Politically Correct Bedtime Stories, de James Finn Garner, Souvenir Press, 2011. La traducción es mía.)

Había una vez una personita llamada Caperucita Roja que vivía en el linde de un gran bosque. Un día, su madre le pidió que llevase una cesta de fruta fresca y agua mineral a su abuela, no porque fuera tarea de mujeres, sino por tratarse de una acción generosa que ayudaba a generar un sentido de comunidad. Y la abuela no es que estuviera enferma. Su estado físico y salud mental le facultaban plenamente para cuidar de sí misma como adulta madura.

Caperucita salió con su cesta y atravesó el bosque. Mucha gente creía que el bosque albergaba malos augurios y que era un lugar peligroso, por eso ella nunca ponía un pie en él. Pero conocía bastante bien su incipiente sexualidad como para darse cuenta de que una imagen freudiana tan obvia como esta no podía intimidarla.

De camino a casa de la abuela, un lobo se le acercó y, con expresión agresiva, le preguntó qué llevaba en la cesta.

—Llevo una saludable merienda a mi abuela, que está facultada para cuidar de sí misma como adulta —dijo ella. El lobo replicó:

—Querida, ¿sabes que no es nada seguro para una jovencita caminar sola por el bosque?

—Tu comentario sexista es extremadamente ofensivo —le contestó—. Voy a ignorarlo porque es fruto de tu tradicional condición de marginado que te ha impuesto la sociedad, presionándote para que tengas esta visión del mundo, por otro lado totalmente respetable. Ahora, si me disculpas, tengo que seguir mi camino.

Caperucita continuó por el sendero ancho del bosque. Sin embargo, el lobo, como su condición marginada de la sociedad le había librado de su adhesión esclavista y servil al pensamiento lineal occidentalista, conocía un atajo que conducía a la casa. Cuando llegó, entró con estrépito y se comió a la abuela, un procedimiento totalmente aceptable como de carnívoro él se las daba. Sin los obstáculos de las rígidas normas tradicionalistas de lo que significa lo masculino y lo femenino, se puso el pijama de la abuela y se metió en su cama.

Caperucita entró en el chamizo y exclamó:

—Abuela, te he traído una merienda baja en sodio y grasas como obsequio por tu papel de matriarca sensata que fomenta la alimentación sana.

El lobo contestó con voz suave:

—Acércate, hijita, para que pueda verte. —Ella le dijo:

—Olvidaba que eres impedida visual, como los murciélagos. ¡Qué ojos más grandes tienes, abuelita!

—Con ellos vi muchas cosas, y con otras hice la vista gorda, querida mía.

—¡Qué nariz tan grande…! Pero eso es algo relativo, claro, y tiene su gracia como es ahora.

—Ha olido y dejado de oler muchas cosas, mi niña.

—¡Abuelita, qué dientes más largos tienes!

Dijo el lobo:

—Estoy contento de ser quien soy y de la forma que soy—. Y, saltando de la cama, clavó sus garras en Caperucita con intención de devorarla. Ella gritó, aunque no la alarmó la aparente inclinación del lobo al transformismo, sino la invasión premeditada de su espacio personal.

Sus gritos fueron oídos por una persona leñadora (un técnico de troncos para el fuego, como él prefería llamarse). Cuando corrió hacia la cabaña y vio el percal, quiso intervenir, pero cuando hizo ademán con el hacha, el lobo y Caperucita pararon.

—¿Qué te crees que haces? —preguntó ella.

Perpleja, la persona leñadora trató de buscar una respuesta, sin saber qué decir.

—¡Irrumpes aquí como un neandertal pensando que tu arma hablará por ti! —gritó Caperucita—. ¡Sexista! ¡Especista! ¿Por qué no asumes que las mujeres y los lobos pueden solucionar sus diferencias sin la ayuda de un hombre?

Al escuchar este discurso tan vehemente, la abuela salió de la boca del lobo, agarró el hacha de la persona leñadora y le cortó la cabeza. Después de todo este mal trago, Caperucita, la abuela y el lobo tenían un propósito en común. Resolvieron crear un hogar alternativo basado en el respeto mutuo y la colaboración, y vivieron felices en el bosque para siempre.

Dejar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Start typing and press Enter to search

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra POLÍTICA DE COOKIES, pinche el enlace para mayor información. Además puede consultar nuestro AVISO LEGAL y nuestra página de POLÍTICA DE PRIVACIDAD

ACEPTAR
Aviso de cookies