Intangibles

 In Lenguas, Traducción

Veamos qué quiero decir con esto de intangibles.

Muchas veces me preguntan a qué me dedico. Cuando les digo que estudio Traducción y que hago mis proyectos desde casa, la gente se asombra y dice, extrañada: “Ah, pero ¿se puede vivir de esto? Pues a ver cuándo te sale un trabajo de verdad”.

Son reacciones comprensibles, ya que nuestra profesión vive siempre rodeada de un halo bohemio. Esto lo dice gente que no deja de repetir lo que dicen otras personas. En cambio, cuando lo oyes de tu propia familia y amigos entonces te lleva a pensar que estás haciendo algo mal. Sin poder remediarlo, acabas creyendo que podrían tener razón. Se te queda mal cuerpo y hay días en que tienes que sobrellevar la depresión. Ya no basta encajar las críticas o las valoraciones de los demás, sino aceptar que tu trabajo es invisible.

Seamos prácticos y vamos a admitir que están en lo cierto. Hagámosle caso al mundo. Pero si siguiéramos sus buenos consejos, ¿en qué lugar quedaría lo que tanto nos motiva y nos impulsa a seguir el rumbo de lo que amamos? La traducción e interpretación se basa en plasmar aquello que sabemos que nadie va a agradecernos cuando vean reproducido en un proyecto, conferencia o libro el resultado de nuestros esfuerzos.

Cuando traducimos dejamos una pátina transparente en la esencia del texto, que subyace a nuestra profanación de lo que otros han creado. Nuestra huella personal no existe. Otros han aportado su visión del arte heroico de la traducción y sus palabras casi imposibles. Las palabras trasvasadas se superponen a las primeras con su pulso mortecino, que, paradójicamente, da vitalidad a la expresión lingüística que aporta la traducción. Nuestra profesión es invisible, pero nosotros somos intangibles. Transformamos la superficie forjada en un molde primigenio de cada vocablo, término, frase o palabra y nos atrevemos a desfigurarla de forma voluntaria, casi inconsciente.

En cuanto a nuestra figura, levitamos sobre una actividad estertorosa que pervive solo porque la envuelven velos románticos. Las letras nos confieren un perfil idealizado. En el sector de las lenguas, tan expuesto al intrusismo, se forman muchas opiniones infundadas que no logran pasar el tamiz de los bulos y las fake news. Los opinólogos están en todas partes, aunque acechan más en las redes y juzgan lo que no saben. No les culpo. Nuestra profesión es aún bastante desconocida, por eso lo de ser intangibles sea quizá el último recurso que nos queda para perseverar y hacerles frente desde nuestra plaza.

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